Preservar los idiomas indígenas es proteger el medio ambiente: un reconocimiento a las transmisoras del conocimiento tradicional 

2019 fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Esta es una excelente oportunidad para reflexionar acerca de la importancia, incidencia y necesidad de luchar contra la extinción de estas lenguas. Las razones para ello son muchas. A grandes rasgos, por un lado, las lenguas indígenas son, en sí mismas, bienes de enorme valor cultural, social y ambiental que enriquecen el patrimonio de la humanidad y, por otro, es fundamental garantizar los derechos lingüísticos de sus hablantes a efectos de asegurar sus derechos a expresarse, manifestarse, comunicarse en su propia lengua, así como a fortalecer sus culturas y contribuir tanto a su autoidentificación como a la cohesión social de sus pueblos.

Concretamente respecto a la interconexión entre preservación lingüística y ambiental, no debería sorprender la tesis que afirma la intrínseca vinculación entre diversidad biológica, lingüística y cultural(1). Para empezar, el conocimiento tradicional ha beneficiado el uso adecuado de los recursos naturales y la protección del medio ambiente, aparte de otros campos como la medicina o la industria. Y es que dicho conocimiento, transmitido de generación en generación a través del idioma, contiene información extensa sobre sistemas y procesos ecológicos, así como procedimientos para protección y uso de muchos espacios naturales de gran diversidad, muchos de los cuales por diferentes razones se encuentran actualmente amenazados.

La supervivencia humana ha sido posible durante milenios gracias a su adaptabilidad a diferentes entornos, a lo cual ha contribuido en gran parte la diversidad lingüística: entre más idiomas más transmisión de conocimiento y con ello más posibilidades de desarrollo y adaptación. Desde un punto de vista lingüístico y cultural, la diversidad aumenta las posibilidades de éxito para la humanidad: “The larger the ‹library› of humanity’s knowledge to which all humans can have access, the greater the likelihood that, where some approaches fail, others may provide vital insights. And access to the ‹library› is only gained through the world’s languages”(2)

Así, en virtud de que los diversos idiomas están condicionados en parte por el entorno biológico y social, aquellos han desarrollado su vocabulario y sus estructuras lingüísticas para expresar lo que es significativo en el contexto correspondiente. De ahí que los idiomas reciban el calificativo de “ADN de las culturas”, en tanto han codificado el conocimiento cultural que los pueblos han ido heredando de sus antepasados, contribuyendo cada generación al enriquecimiento de este patrimonio(3)

En la cosmovisión indígena esto cobra un especial significado, debido a la conexión particular con la tierra que los pueblos indígenas suelen poseer. Por lo general, el individuo es considerado como un elemento más del entorno natural, ocupando al igual que todos los demás seres vivos la misma posición jerárquica, ya que todos descienden de la misma fuente: la «Madre Tierra». Esto se refleja en el lenguaje de una manera consistente. Solo por mencionar un ejemplo, la palabra nube, que en !Xoon(4), el lenguaje de un pequeño pueblo namibiano, corresponde literalmente a “casa de lluvia”(5). Los niños de este pueblo reciben, así, automáticamente información adicional sobre las nubes a medida que aprenden esta palabra, al darse cuenta de que una nube es una fuente de lluvia, lo que no ocurre cuando un niño usa la palabra en un idioma “occidental”, por ej. nube en español, clouden inglés, Wolke en alemán o nuage en francés.

En las culturas ágrafas o de tradición oral, como son la gran mayoría de las culturas indígenas, la relación entre las personas y el mundo no se explica a través del conocimiento científico sino a través del mito. El mundo se aprecia fundamentalmente animado, habla por sí mismo y, por lo tanto, puede interpretarse a la luz de lo que el propio entorno manifiesta, teniendo en cuenta que los mensajes son enviados por dioses, muertos, espíritus dueños, etc. El chamán, sacerdote, sabio o las mismas personas pertenecientes a la comunidad correspondiente desempeñan una labor de traductores de tales mensajes, los cuales bien pueden ser permanentes como la disposición material de un territorio, la forma de un árbol, etc. o mensajes transitorios como las adivinanzas a partir de la configuración material provocada(6). Todos estos mensajes o, como los llama el profesor Landaburu, huellas-mensaje son “otras formas de escritura”(7). Quizás este tipo de comunicación sea la que les permite a estas sociedades ese profundo acercamiento a la naturaleza y la capacidad de “traducción” de los mensajes que en ella se encuentran sea, a su vez, la que explique la estrecha vinculación entre el lenguaje y el manejo respetuoso y sostenible del entorno natural. 

La interacción entre idioma y medio ambiente se aprecia además al constatar que la diversidad lingüística en áreas de alta biodiversidad es particularmente alta. Los espacios con mayores concentraciones de biodiversidad son en su mayoría coincidentemente habitados por comunidades indígenas y locales cuyos miembros continúan hablando lenguas ancestrales. Una comparación de países con megadiversidad biológica (Tabla I) con aquellos países que presentan megadiversidad lingüística (Tabla II) muestra una correlación positiva: 8 de los 10 países con megadiversidad lingüística pertenecen al mismo grupo 17 países con megadiversidad biológica. Además, en el top 25 de los países con el mayor número de idiomas endémicos, 13 (marcados con el símbolo *) se encuentran en 17 países con megadiversidad biológica (Tabla III)(8).

A pesar de lo expuesto, la íntima vinculación entre idiomas indígenas y preservación ambiental no encuentra un reflejo ni preciso ni adecuado en el derecho ambiental. La protección de las lenguas indígenas constituye no solo un imperativo moral y cultural, sino también un recurso importante que puede contribuir a enfrentar problemas ambientales globales. Si bien el Principio 22 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 y el art. 8 (j) Convenio sobre Diversidad Biológica hacen referencia a la necesidad de conservar los conocimientos tradicionales, ni estos instrumentos ni ningún otro contemplan de forma explícita la importancia de fomentar y proteger los idiomas indígenas, por lo que vale la pena considerar la conveniencia de integrar la cuestión en las normas ambientales, además de la adopción de un instrumento internacional que cubra todos los aspectos (no solo los ambientales) relacionados con la protección de estas lenguas y de los derechos de sus hablantes. 

Puesta en escena: Isabella Gafner (11 años). Fotografía: Eric Gafner (13 años)*  

Imagen de portada:Puesta en escena: Isabella Gafner (11 años), fotografía: Eric Gafner (13 años)

(1) Ver entre otros: McNeely, Interaction Between Biological Diversity and Cultural Diversity, en: Büchi/Erni/Jurt/Rüegg, Indigenous Peoples, Environment and Development, IWGIA, Copenhague, 1997, p. 173–196; Maffi, On Biocultural Diversity, 2001; Fill, Sprachökologie und Ökolinguistik, 1996; Hermann, Man sieht was man (er)kennt, en: Altner/Leitschuh-Fecht/Michelsen/Simonis/von Weizsäcker, Jahrbuch Ökologie 2007, München, 2006, p. 11–20.

(2)Skutnabb-Kangas/Maffi/Harmon, Sharing a World of Difference,2003, p. 28.

(3) Ibid, p. 20.

(4) El símbolo de admiración forma parte del nombre del idioma, en tanto representa el sonido de clic usado por los hablantes y que se considera como parte del vocabulario de esta lengua.

  • (5)Harrison, When Languages die, 2007, p. 16.
  • (6)Aguirre Licht, Destilación del conocimiento indígena, en: Reyes Sánchez, Giovanna Liset (Ed.), Diálogo de Saberes: Plantas Medicinales, Salud y Cosmovisiones, 2009, p. 49–65.

(7) Landaburu, Oralidad y escritura en las sociedades indígenas, 1996, p. 13 ss.

(8) La información de las tablas ha sido obtenida y adaptada de Skutnabb-Kangas, Tove/Maffi, Luisa/Harmon, David, Sharing a World of Difference: The Earth’s Linguistic, Cultural and Biological Diversity, UNESCO/Terralingua/WWF, Paris, 2003 y de la base de datos del “Ethnologue, languages of the world” (www.ethnologue.com).

* Instagram: eric.gafner2018

Claudia Gafner-Rojas
c.gafner-rojas@aequolex.com